Por Blanca Moreno
Dos mujeres hondureñas entre 25 y 30 años fueron abandonadas desnudas y hambrientas en una montaña fronteriza entre Eslovaquia y Austria: ya no servían para el propósito que habían sido llevadas a Europa, que fue ejercer la prostitución.
Ambas son originarias de San Pedro Sula, jamás se conocieron, pero tenían un denominador común: la pobreza. Con unas semanas de diferencia, “Alma” y “Teresa” llegaron a un pueblo desconocido de Europa, donde una señora rubia y obesa les decomisó sus pasaportes y las obligó a prostituirse. Nunca más pudieron comunicarse con sus familiares, que se quedaron tranquilos esperando que les enviaran euros para la manutención de sus vástagos, porque iban con un buen trabajo.